Alma contable

Tumba abierta

Tengo un poco alma de contable. Odio los números, pero a la vez registrar cifras es un bálsamo para mí. El Excel me permite cuadricular el mundo, escenarios posibles. El bueno, el feo y el malo.

Coloco cantidades pasadas, presentes y futuras. Veo cómo varían y así me trato.

Construyo en un soliloquio. Imagino mis posibilidades. Llevar la contabilidad de una empresa tiene mucho de creativo, atrapar en forma de celda recuerdos de viajes, comidas o el miedo a la contingencia.

No hay nadie más miedoso que un contable.

El Excel es la falsa ilusión de control. Todo lo aguanta.

Al final del mes, del trimestre, del año, me susurra. Es un amante exigente de metodismo y devoción.

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Big Four

Hoy, caídos los imperios,

prefiero la poesía.

Tumba abierta

Hubo un tiempo en que estuve más cerca de las Big Four que de lo que deseé volver a estarlo jamás. Las máscaras dejan de fascinarte cuando te fundes en una de ellas. Solo admiras aquello que no eres.

En una ocasión compartí una mesa de un VIPS en Madrid con una de aquellas mujeres de los cuatro jinetes. Cuarenta y tantos, elegante, divorciada por la falta de tiempo. En aquel tiempo quería ser como ella, cuando estaba más cerca de los tacones que de las zapatillas, de las corbatas que de las camisetas.

Por eso ahora mi Facebook es un extraño amalgama de autónomos con ínfulas del Big Four y poetas a veces de medio pelo. Hoy, caídos los imperios, prefiero la poesía.

Pero también fui joven y tuve mi propio verano. Aquel julio, San Fermín, cuando te despedí tras aquella noche que solo había sido buena para ti…

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Un tapiz tan fino

En las historias de malos escritores las cosas pasan porque sí. Los malos son malos porque son malos y los buenos lo son hasta la náusea. El amor es coincidir en una habitación y ya está, y las decisiones sirven a la trama y no a la razón.

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Filosofía acuática

Hace mal tiempo, pero no acaba de arrancar a llover.

Parece que esté esperando el momento, como en el andén, a cinco minutos de la llegada del tren, con la mochila colgada en la espalda.
Está a punto de ocurrir algo, se siente en el aire, como de caramelo transparente a punto de quebrarse.
Acabará por romper a llover, estoy seguro, y yo Sigue leyendo “Filosofía acuática”

Y tú qué miras?

Una amiga cercana me ha prestado Hamlet, una edición vieja, traducción de Pujante.

Dice la contraportada que es una obra cambiante, que todo personaje es simulación. Como todos nosotros, supongo. Dice también que se ha escrito sobre ella más que sobre ninguna otra obra de ficción. La auténtica Historia Interminable.

Aún no lo he leído.

Me enfrento a él como Ahab a la ballena, como Sísifo a su roca, Sigue leyendo “Y tú qué miras?”

Amargo

Cogió la cucharilla y removió el café despacio. Tanto, que parecía temer que se disolviera el azúcar. La cafetería estaba vacía y sus ojos llenos de lágrimas.

– Cuántas tazas tengo que pedir para que sea educado esperar aquí a la muerte? -le dijo a la camarera.

– Espero que muchas-replicó, monótona, sin prestarle
demasiada atención.
Cuando le estalló el corazón, llevaba 51 expresos y un solo sobrecito de azúcar. Hay un límite para todo lo amargo.
4/06/2020

Golpeador

Basta un viaje a través de la pared para verse hijos de un tiempo imposible.

En uno de mis viajes obligatorios a un país de cuyo nombre intento no acordarme, en uno de esos momentos de maletas veloces sobre carritos en la pista, al que le dio un golpe a mi Sigue leyendo “Golpeador”

PAN DURO

Este abrazo venenoso que no me das, que me prestas, es una petición para rechazar la verdad de mutuo acuerdo. Y yo lo veo, tranquilo, y subo la apuesta besando tu mejilla tostada por el sol, enrojecida de demasiadas escapadas al aire libre. Intento no caer en tu hechizo, pero soy solamente un ave, cobarde, un gallina al que se le cae la baba por ti. Por eso caigo, exhausto, en tu trampa. Otra vez. Se me ha olvidado la polar, se me ha olvidado la estrella preciosa y brillante que me puse como guía para no mirarte. Para no verte fluyendo por el mundo, tan elegante que parece que dieras forma a la realidad. Rompo el abrazo, me rompo. Tú me dices que soy cruel cuando te digo que no. Me dices que soy cruel cuando me resisto. Como si fuese cruel la ballena blanca por no querer recibir el arpón de Ahab. Como si fuese Sigue leyendo “PAN DURO”

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