Golpeador

Basta un viaje a través de la pared para verse hijos de un tiempo imposible.

En uno de mis viajes obligatorios a un país de cuyo nombre intento no acordarme, en uno de esos momentos de maletas veloces sobre carritos en la pista, al que le dio un golpe a mi guitarra e, irónicamente, rompió una pieza que se llama golpeador.

Se supone que el golpeador es para recibir golpes.

Mucho tiempo después, le fabriqué uno de plástico transparente, un campo de fuerza invisible. Lo mío no es el bricolaje, pero me gusta más que el original, simplemente porque no es el obligado por el fabricante. O quizá porque lo he hecho yo, o incluso porque está muy mal hecho. Es comida casera.

Ahora lo agradezco, pero en su día fue una putada.

3/06/2020

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