Amargo

Cogió la cucharilla y removió el café despacio. Tanto, que parecía temer que se disolviera el azúcar. La cafetería estaba vacía y sus ojos llenos de lágrimas.

– Cuántas tazas tengo que pedir para que sea educado esperar aquí a la muerte? -le dijo a la camarera.

– Espero que muchas-replicó, monótona, sin prestarle
demasiada atención.
Cuando le estalló el corazón, llevaba 51 expresos y un solo sobrecito de azúcar. Hay un límite para todo lo amargo.
4/06/2020

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