Filosofía acuática

Hace mal tiempo, pero no acaba de arrancar a llover.

Parece que esté esperando el momento, como en el andén, a cinco minutos de la llegada del tren, con la mochila colgada en la espalda.
Está a punto de ocurrir algo, se siente en el aire, como de caramelo transparente a punto de quebrarse.
Acabará por romper a llover, estoy seguro, y yo nunca he sido de paraguas. No me gustan, no me fío de nada que vaya en contra del agua. Adoro las gotas en el pelo, los charcos sobre la piedra. Llámalo deformación profesional o filosofía acuática, flexible, húmeda.
Me llamas. Vamos a dar un paseo? Claro.
Y si llueve, que llueva. Me gusta cuando estás mojada.

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