Un tapiz tan fino

En las historias de malos escritores las cosas pasan porque sí. Los malos son malos porque son malos y los buenos lo son hasta la náusea. El amor es coincidir en una habitación y ya está, y las decisiones sirven a la trama y no a la razón.

Si quien escribe lo hace bien, en cambio, el tapiz es tan fino que al tejido no se le ven los hilos.

Lo curioso es que el mundo real no es muy distinto de la mala historia. Por más estructura que creemos, los acontecimientos carecen de sentido.
Si hay Dios, es un escritor de poca monta. Si no hay nada, la buena literatura está sobrevalorada.

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